Lleno de asombro

Estoy lleno de asombro. No entiendo qué ha pasado. Esta mañana, como todas las mañanas, después de un paseo tranquilo, me acerqué al pequeño estanque en el fondo del parque. Las nubes, muy blancas, se reflejaban en el agua. En la orilla, un niño rubito tiraba piedras al lago. Las piedras describían un arco en el aire, y antes de que tocaran el agua, otra piedra salía volando y luego otra, hasta que se hundían en el centro del estanque dejando en la superficie una lucha de ondas que rizaban el agua. El niño se agachó para buscar más piedras. Yo cogí una redonda y la lancé con fuerza. La piedra se hundió con un pequeño chapoteo de gotas, pero no produjo ningún círculo en la superficie. Lo intenté con otra piedra y sucedió lo mismo. Era asombroso. Mis piedras se engullían en el lago sin producir nigún efecto sobre el agua. Cogí una piedra más grande, parecida a un ladrillo, y con las dos manos la lancé hacia abajo, muy cerca de la orilla. Unas gotas saltaron, un amago de ondas asomó tímidamente, pero el agua engulló la piedra y no quedó ningún rastro en el lago. Era físicamente imposible. Estaba desconcertado. Ni siquiera cuando lancé al niño rubito con todas mis fuerzas pude ver las olas. El niño cayó como una piedra y el agua lo devoró sin producir esas ondas hermosas y concéntricas navegando felices hasta el otro extremo del estanque.