El sueño

Sonó una melodía de notas sostenidas, metálicas, como una masa informe de sonidos procedentes de algún lugar más allá del sueño. La melodía era sencilla, casi infantil, pero lo envolvió en una fragancia dulce, en un halo de sustancia viscosa mientras abría los ojos ante una oscuridad desconocida. Estaba tumbado en la cama junto a ella, desnuda bajo las sábanas, dormida profundamente. Sintió cómo el deseo retornaba, tangible y real, pero apenas se contentó con un ligero movimiento de la mano que acercaba los dedos a su boca dormida, sin tocarla, sin llegar a tocarla, como si pudiera acariciar la textura roja de sus labios a través del aire que los separaba de sus dedos que temblaban. La melodía cesó. Con torpeza retiró la mano que no había tocado a la muchacha, la misma mano que ni siquiera se atrevió a destapar su cuerpo desnudo arrojando las mantas con fuerza. Solo deseó hacerlo. Sabía que la joven no recordaría nada de esa noche, que ya estaba dormida cuando él entró en la habitación mal iluminada. Él deseó también no recordar nada al día siguiente. El sueño acudió de nuevo con la suavidad de una pluma que cae con lentitud hacia el suelo y se posa con dulzura mientras todo desaparece lentamente, muy lentamente.