Domingo

La lluvia recubre la mañana con una capa oscura como un velo casi opaco, con una furia de agua. Y de nuevo este deseo de no abandonar la casa, de quedarse escribiendo, como ahora, de abrir un libro comenzado y olvidarse en sus páginas, de recostarse en un sillón y dormitar la historia recuperada, mientras las gotas golpean los cristales con una melodía repetida que nos mece suavemente en el sueño.